Ante la violencia de género sucedida el martes 1 de setiembre de 2026 en la Facultad de Medicina donde un estudiante varón apuñaló brutal y agresivamente a una compañera estudiante, el Programa Integral APEX de la Universidad de la República expresa su preocupación y malestar social, y, manifiesta su solidaridad ante este grave intento de femicidio, como se enuncio el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República.
La violencia de género no es un hecho aislado, sino una herramienta de la cultura patriarcal de la sociedad en general y de la institución en particular, que busca intimidar, someter y asegurar que las mujeres y disidencias permanezcan en una posición de inferioridad o subalternidad, castigando a quienes desafían ese mandato. Por ello, se debe cotidianamente poner en discusión que estos actos de violencia estructural no son naturales, ni normales, ni esperables, porque nada justifica la violencia, y menos la violencia basada en género que atraviesa nuestra sociedad, en lo cual nuestra institución universitaria no está exenta.
Si bien, se reconocen los avances de la Udelar para atender estas situaciones, la persistencia de estas violencias y las condiciones de vida actuales que llevan a la precarización de la vida diaria y la falta de abordajes a problemáticas como la salud mental, que de ningún modo pueden relativizar la violencia de género ejercida, se intersecciona con la violencia basada en género pero no la justifican. Violencias que presentan agresiones hacia las mujeres y que muestran no solo padecimientos emocionales y mentales, sino, daños y afectaciones corporales que repercuten directamente en sus modalidades de vincularse y relacionarse y en sus espacios laborales, de estudio y en su vida diaria.
Hay que fortalecer la institucionalidad de género, capacitar y sensibilizar a todas las personas que integramos la Udelar en temas de igualdad de género con énfasis en las violencias hacía las mujeres, dotar de recursos a los equipos especializados y priorizar este asunto en la agenda universitaria para construir juntas y juntos políticas de prevención.
Según los datos de la Primera Encuesta de prevalencia sobre violencias, acoso y discriminación en la Udelar (2021), mostró que el 42,9 de las estudiantes, el 58,1% de las docentes y el 47,6% de las funcionarias declararon haber sufrido al menos alguna de las violencias hacia la mujer y/o por razón sexual o de género y se desprende que «en las tres poblaciones el principal tipo de discriminación que han sufrido es por género y los principales agresores son varones y personas con mayor jerarquía o poder».
La respuesta institucional no puede restringirse sólo a una condena posterior a los hechos y, no alcanza sólo con pautas punitivistas y de control sino que se debe seguir potenciando la convivencia, el cuidado y la prevención, con reconocimiento político y material a través del fortalecimiento de mecanismos de alerta temprana y respuestas oportunas, junto a la atención, asesoramiento y acompañamiento de las personas en situación de violencias y sus diversas manifestaciones, por medio de procesos de capacitación continua en investigación, extensión y prevención con perspectiva de género, que implique en el cuestionamiento a las masculinidades construidas sobre el dominio, control y violencia, interpelando las prácticas que naturalizan la violencia y retomando el problemática desde una responsabilidad compartida.
La Udelar, no debe olvidar que Uruguay registra un promedio de 117 denuncias diarias por violencia doméstica y de género, lo que equivale a un llamado o reporte cada 12 minutos, donde el 61 % de los casos ocurren en relaciones de pareja o expareja, donde predomina la violencia física (42 %) y psicológica (30 %) y que además del 95% de los actos son efectuados por varones. Si bien, se destaca la existencia de la Ley N° 19.580 de violencia hacia las mujeres basada en género, la misma no logra las proyecciones de prevención necesarias por carecer, según diversos sectores políticos por la falta de presupuesto óptimo y de recursos técnicos suficientes para abordar las demandas.
La Universidad forma parte de esta sociedad que no logra parar esta forma de violencia extrema contra las mujeres. La pregunta a formularse es, ¿Qué hace falta para que se valore la vida de las mujeres como un tema prioritario y que su protección sea por ejemplo incluida en el presupuesto quinquenal?
Debemos garantizar espacios cuidados para las estudiantes, las docentes, las funcionarias y las vecinas. Nuestros centros de estudio y de trabajo deben ser espacios seguros, libres de violencia y discriminación, donde todas las personas puedan desarrollar sus trayectorias educativas y laborales con libertad, autonomía y dignidad. El cuidado no puede ser una responsabilidad individual de quienes atraviesan situaciones de violencia: debe ser una responsabilidad institucional y colectiva. Garantizar espacios cuidados implica prevenir, detectar tempranamente, actuar de manera oportuna y acompañar a quienes se encuentran en situación de violencia.
Debemos garantizar espacios cuidados para las estudiantes, las docentes, las funcionarias y vecinas. Nuestros centros de estudio y de trabajo tienen que ser espacios seguros, libres de violencia machista y de género, donde todas podamos desarrollar nuestras trayectorias educativas y laborales con libertad, autonomía y dignidad. No podemos naturalizar que las mujeres debamos transitar la Universidad con miedo, modificar nuestros recorridos, vínculos o prácticas cotidianas para protegernos de la violencia. La Universidad debe cuidar, prevenir y garantizar el derecho de todas a estudiar y trabajar libres de violencia machista y de género. Ese cuidado es una responsabilidad institucional y colectiva, no una carga que pueda recaer sobre quienes viven estas situaciones.
El Programa Integral APEX hace suya la consigna de la Comisión Ejecutiva y Comisión de Género, Cuidados y Cultura libre de Violencia de ADUR.
Debemos garantizar espacios cuidados para las estudiantes, las docentes, las funcionarias, que nuestros centros de estudios sean espacios.
¡Por una Universidad donde la igualdad de género se viva cotidianamente!

